La guerra de precios en la traducción

Queridos lectores:

Somos conscientes de que esta entrada se ha hecho esperar más de lo normal. El comienzo de año ha sido una auténtica locura: muchos encargos, muchos correos electrónicos que responder, llamadas que atender, palabras que esperaban ser traducidas… En definitiva, mucho trabajo. Sabemos que esta situación en una época de crisis como la que vive Europa y, especialmente España, es privilegiada, por lo que no nos podemos quejar sino más bien celebrar que el esfuerzo empleado en este proyecto llamado Wordwire esté dando sus frutos.

Durante este tiempo de estrés laboral también hemos tenido que hacer múltiples presupuestos, pedidos, facturas… y, con tanta cifra, no hemos podido reprimir las ganas de escribir acerca de una situación diaria que nos afecta como traductores e intérpretes, un sector compuesto por autónomos en gran parte: la guerra de precios.

Al hablar de este asunto, al igual que en otros momentos, hemos de diferenciar la traducción de la interpretación, pues, al ser dos disciplinas distintas, aunque relacionadas, sus circunstancias también lo son. Empecemos por la traducción.

Aunque la situación puede variar dependiendo de cada país, vamos a describir la situación general en la actualidad. Numerosas veces nos han preguntado amigos o familiares “¿cuántas páginas traduces al día?”, algo que nos demuestra que nuestro trabajo diario necesita una explicación para poder entenderse mejor. Suponemos que esta pregunta se debe a que la sociedad en general nos considera traductores de libros, y, sin embargo, no se reflexiona acerca de todo lo que nos rodea y necesita ser traducido: las instrucciones de nuestra nueva cámara digital, el texto de un programa informático que se lanza a nivel internacional, el menú de nuestro televisor de 32 pulgadas, el videojuego al que estamos jugando últimamente, la página web de nuestra tienda habitual, la etiqueta de nuestro champú preferido… ¡Miles de productos que no tienen páginas!

Para todo aquel que desconozca nuestro sector y se haga esa misma pregunta, la clave es la siguiente: cuando se trata de traducir palabras por escrito, un texto no se contabiliza por páginas sino por palabra. Es decir, una palabra tiene una tarifa X, y un texto se compone de una determinada cantidad de palabras que conforman el precio total de la traducción. Así de sencillo. Las variaciones de precio pueden depender de diversos factores: idiomas de destino más o menos comunes (más hablados o traducidos globalmente, ya que hay más traductores con el inglés en su combinación lingüística que con el zulú…), dificultad del texto de origen (obviamente, no se necesita la misma preparación para un texto acerca de turismo que para un texto acerca de ingeniería aeronáutica, por ejemplo…), si se trata de una traducción jurada u “oficial” o una traducción ordinaria… Hemos de considerar cada texto por separado, evaluarlo y seleccionar un traductor con la formación adecuada para ello, porque como hemos dicho repetidas veces, aunque los traductores sean bilingües, esa formación lingüística de largos años no es el único requisito para poder traducir con unos niveles mínimos de calidad: es necesario conocer las técnicas que se utilizan para poder afrontar cada tipo de texto, el vocabulario específico en ambos idiomas (publicitario, legal, médico, informativo, químico, económico, informático… todos los que os podáis imaginar), el registro requerido… Incluso muchos traductores están especializados en un solo tema debido a la dificultad que puede suponer, ya que deben ser expertos en el mismo para poder crear textos en el idioma de destino que sean entendibles, fluidos y no “suenen a traducción”. Nada fácil, ¿no creéis?

Pasemos ahora a la interpretación. Debido a que este tipo de trabajo no es escrito sino oral, no se podría contabilizar por palabra, por lo que se contabiliza por tiempo: horas, media jornada o jornada completa. En muchos países se hace una distinción asimismo según el tipo de interpretación o el esfuerzo que esta requiere: si es una interpretación de una conversación entre dos personas se aplicaría un precio (la llamada interpretación de enlace: una persona se comunica brevemente, por ejemplo, en inglés, se detiene, el intérprete traduce el contenido hacia, por ejemplo, español, el interlocutor del idioma de destino respondería en español, el intérprete traduciría hacia el inglés, etc.), mientras que si se trata de una interpretación simultánea (en una conferencia, por ejemplo, el intérprete trabaja desde su cabina situada en un lugar discreto de la sala, escucha por sus auriculares el discurso en inglés, por ejemplo, y lo traduce simultáneamente hacia el español) o consecutiva (un orador pronuncia su discurso durante un tiempo prolongado, mientras el intérprete toma notas del contenido y, una vez terminado, lo reproduce en su totalidad en el idioma de destino) el precio variaría considerablemente.

Aquí no solo se valora o remunera el conocimiento lingüístico del profesional y el resultado que pueda dar, sino el nivel de esfuerzo requerido para cada situación. En el caso concreto de la interpretación simultánea, no solo es una técnica que se puede aprender en la universidad o en un posgrado, es una habilidad un tanto exclusiva. Al igual que en la traducción, una interpretación requiere una formación lingüística prolongada y un grado de especialización, además de una preparación previa al evento exhaustiva: un intérprete necesita dedicar días completos a la preparación del tema de su próxima conferencia (recordamos que, a pesar de ser lingüistas, debemos comunicar un mensaje a médicos, biólogos, pilotos, políticos, ejecutivos… en su propio “idioma” o en su jerga profesional).

Una vez explicadas ambas disciplinas a grandes rasgos, creemos que os encontraréis en un punto en el que podréis entender mejor nuestro trabajo, pero muchas personas que encargan traducciones desconocen todo este contexto. Y es aquí donde empieza la guerra.

Por un lado, nos encontramos con clientes respetuosos, que valoran nuestra profesionalidad y nuestro trabajo y confían en nuestras manos traducciones o interpretaciones que necesitan para comercializar sus productos, legalizar alguna situación o avanzar en sus negocios. Al igual que aceptamos el precio que nos estipula un fontanero al arreglarnos la cañería o un cerrajero cuando nos hemos quedado en la calle con las llaves dentro de casa, nosotros aplicamos una tarifa que nuestros mejores clientes aceptan. Es un placer trabajar con ellos desde el respeto mutuo.

Sin embargo, por otro lado nos encontramos con clientes o futuros clientes que por desconocimiento o por poca valoración de nuestro trabajo intentan “regatear” continuamente nuestras tarifas o, en un intento desesperado de ahorrar costes, contratan a personas sin la formación adecuada dispuestas a aceptar tarifas mucho más bajas de las estipuladas con resultados nefastos. Es una situación que se repite tanto en la traducción como en la interpretación, en esta última muy a menudo, debido a que los precios son más altos. Esta “guerra de precios” en nuestro sector o continua negociación es cuanto menos agotadora, además de, en ciertos casos, ofensiva, ya que no se valora la profesionalidad y el esfuerzo requeridos en una profesión tan exigente.

Por tanto, nos gustaría que todos nuestros lectores, independientemente de su papel en esta “guerra” reflexionaran sobre este tema para poder entender nuestra profesión mejor, que es el objeto de nuestro blog al fin y al cabo.

Compartimos con vosotros un vídeo que ilustra a la perfección nuestra reacción ante situaciones semejantes (para los que no hablen inglés, el cliente del restaurante desea pagar el precio de un plato de comida rápida a pesar de haber comido un solomillo, porque no les entra en el presupuesto; el cliente de la tienda desea pagar más de la mitad por un DVD o que se le aplique algún descuento inexistente; y la clienta de la peluquería quiere corte y color, a pesar de que solo piensa pagar corte y, si a su marido le gusta el resultado, la próxima vez que se haga ese tratamiento lo pagará por completo).

Si queréis compartir vuestra opinión al respecto o habéis sufrido situaciones similares, nos encantará escucharlas.

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About wiredintowords

We are a language service company (translation and interpreting among others). We love teaching, learning and translating languages, and we are passionate about the culture, traditions, cuisine and history of the countries where those languages are spoken. ///// Somos una empresa que ofrece servicios lingüísticos (traducción e interpretación, entre otros). Nos apasionan los idiomas, su enseñanza, aprendizaje y traducción, además de todo lo que les rodea: cultura, tradiciones, gastronomía e historia de los países en los que se hablen.
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