Hey, Mr. Waiter!

El tema que tratamos hoy ha dado muchísimo que hablar durante años, tanto entre los profesionales de la traducción, siempre al acecho de una falta de ortografía o una palabra que consideremos mal traducida, como entre aquellos que hablan idiomas y simplemente son observadores: la traducción de los menús o cartas de restaurantes.

¿Quién no se ha visto en un país extranjero, agotado después de disfrutar de un largo día de turismo, se ha dirigido al restaurante de turno con un pellizco en la barriga producido por el hambre y la ilusión de lo nuevo, y ha visto sus ilusiones frustradas cuando al sostener esa carta no entendía absolutamente nada? Más de uno nos hemos aventurado a pedir al azar cualquier plato, con la única certeza de que se trata de carne o pescado…

¿Y qué me decís del caso de aquellos no pocos extranjeros que visitan nuestro país cada verano, salen de la playa con dirección al chiringuito más cercano, se han relajado frente a la carta y han contemplado aterrorizados una carta “traducida” de la que no pueden sacar nada en claro? El pan nuestro de cada verano…

Evidentemente, estas traducciones no se han encargado a un profesional, sino a alguien con pocos idiomas, un diccionario y mucha imaginación… o al temido Traductor de Google…

Un restaurante debe contar con ciertos factores clave para poder triunfar ante un público más amplio que el del país en el que se encuentra. Ambiente, decoración y un buen servicio son esenciales, pero el objetivo principal de una persona al llegar a un restaurante es alimentarse, y por esta razón, el menú es lo más importante. Se puede decir que el éxito del restaurante depende al 100% de la carta que ofrezca, ya que es su imagen y el vínculo entre el restaurante y el comensal. Por ello, no se debe menospreciar el poder de una buena carta.

Dejando de lado la importancia de un buen diseño, o la claridad a la hora de denominar y describir un plato, nos centramos en lo que realmente nos incumbe en este blog: la traducción. Para aquel que no lo haya pensado, los menús son extremadamente difíciles de traducir, ya que no se trata de traducir un ingrediente en concreto en un momento dado, sino de trasladar un concepto culinario y cultural a una persona que probablemente provenga de un contexto en el que no existe nada parecido. Este concepto no solo debe trasladarse de forma fiel y clara, como es el caso de las traducciones de muchos tipos de textos, sino también de una forma apetitosa que seduzca el paladar del comensal a partir de la idea que se pueda formar en su mente con la descripción que se le ofrezca en su idioma.

¿Difícil? Sí, pero no imposible.

En el sector de la traducción nos sorprende encontrar soluciones surgidas de las nuevas tecnologías, como en el caso de ciertas aplicaciones para teléfonos móviles que aseguran facilitar en gran medida una estancia en el extranjero al tener la capacidad de traducir un menú con solo utilizar la cámara del teléfono. Sin duda, estas aplicaciones son útiles, ya que ofrecen ciertas traducciones a tiempo real, pero hay que plantearse hasta qué punto. El ejemplo más claro que se nos ocurre es que hay platos básicos que pueden traducirse con facilidad, como filete de pollo, o boquerones fritos; o platos muy conocidos que ni siquiera necesitan traducción, como nuestra internacional paella, una fondue suiza, o un cuscús marroquí. Pero, ¿qué ocurre cuando nos encontramos con platos igualmente habituales en la gastronomía de un país pero más elaborados y menos conocidos? En el caso de España, podemos encontrar una gran riqueza de términos culinarios de lo más variopintos: pipirrana, salmorejo, pisto, puntillitas, chanquetes, huevos a la flamenca, puchero con todos sus avíos… Y qué decir de los platos que no pertenecen a la gastronomía tradicional y son realmente exclusivos de un restaurante en concreto (cómo no acordarse de los platos deconstruidos del gran Ferrán Adriá).

Un miembro de nuestro equipo nos comentó una anécdota perfecta para ilustrar la dificultad de este tipo de traducción. En el bar donde iba a desayunar la empresa que les hizo el diseño de la carta se encargó también de hacérsela directamente en inglés, y, a primera vista, no parecía que fuese una traducción procedente del traductor de Google ni nada parecido. Sin embargo, al no ser profesionales de la traducción, habían traducido cosas como “magreta” (producto adobado, elaborado con panceta magrosa de cerdo) como “duck breast” en inglés, es decir, “magret de pato” (distinta parte del animal, distinto precio, y, para más inri, ¡distinto animal!). Nuestra colaboradora no pudo dejar de imaginarse a un turista de habla inglesa que pidiera un plato de magreta pensando que va a comer una delicatessen de pato a muy buen precio, y se encuentra con un plato de cerdo adobado… Probablemente esa traducción fuera responsabilidad de un hablante de inglés que no conocía la gastronomía española a la perfección, y ningún nativo español había revisado el contenido para evitar este tipo de errores y/o confusiones. ¡Errores para recordar!

Como decíamos, y repetiremos más de una vez en nuestras entradas, la traducción no solo consiste en pasar palabras de un idioma a otro, sino en trasladar conceptos o ideas de la forma más fidedigna posible y teniendo en cuenta que la reacción del lector de esa traducción sea la misma que la del lector en el idioma original.

En el caso de una carta o un menú, es necesario que un profesional con mucho conocimiento de ambas culturas, realice esta tarea, ya que, además de “explicar” el plato, debe hacerlo apetitoso para el paladar del lector, y lo que en una cultura puede parecer un manjar de primeras, en otro puede resultar un auténtico suplicio.

Un profesional debe tener en cuenta muchos factores para poder crear esa presentación ideal del restaurante e impresionar al comensal, haciéndole ver, en este caso, que se tiene en cuenta el hecho de que proceda de otro idioma y otra cultura. Y es que ya se sabe como funciona este sector: un comensal contento inicia el boca a boca, y un negocio de restauración prospera en gran medida gracias a las recomendaciones.

Por tanto, no se debe desprestigiar la tarea de traducir un menú, ese vínculo entre restaurante y comensal es de vital importancia y se debe cuidar al máximo detalle.

¿Os ha ocurrido alguna anécdota de este estilo? ¡Compartidla con nosotros!

Advertisements

About wiredintowords

We are a language service company (translation and interpreting among others). We love teaching, learning and translating languages, and we are passionate about the culture, traditions, cuisine and history of the countries where those languages are spoken. ///// Somos una empresa que ofrece servicios lingüísticos (traducción e interpretación, entre otros). Nos apasionan los idiomas, su enseñanza, aprendizaje y traducción, además de todo lo que les rodea: cultura, tradiciones, gastronomía e historia de los países en los que se hablen.
This entry was posted in Traduccion and tagged , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s